domingo 27 de septiembre de 2009

Vida interior

Ignacia era una joven, de casi dos décadas de vida, que como todas las personas de su edad tenía sueños que anhelaba cumplir. Estaba estudiando y vivía un hermoso romance con su novio, el hombre de su vida, Marcos. Llevaban mucho tiempo juntos.

Una noche, Ignacia tuvo un extraño sueño: soñó que estaba embarazada. Y desde ese instante comenzó a preguntarse ¿Qué pasaría si esto de verdad ocurriera? ¿Que sucedería con todos sus sueños?, más aún, ¿que pasaría con los sueños de su novio?
Estaba segura que ambos serían capaces de cuidar y educar a una criatura y que él haría lo posible para que todos vivieran de una buena forma, pero aún así pensaba que era muy temprano para tener una responsabilidad tan grande. Después de todo, ella, al igual que su novio, tendría que abandonar sus estudios para dedicarse a esta nueva vida. "No estoy lista para esto"- Decía cada vez que lo pensaba-
Estaba asustada y no sabía a quién recurrir, sólo su novio era el pilar, la razón que la hacía calmarse y respirar.

Días después, luego de mucho análisis, Ignacia pensó que lo mejor era ser responsable y transmitir estas preocupaciones, para que así nadie que ella conociera pudiera quedar embarazada a tan temprana edad. Debes estar lista, estar establecida, para que así, cuando tengas un hijo, este llegue al mundo para vivir con una familia ya establecida y una buena vida.

Es algo inesperado, que muchas veces no sabes controlar, es por eso que debemos prevenir la creciente tasa de embarazo adolescente en Chile.
Es tu vida, tu voz
¿Te quieres?
Cuídate y cuida a los que quieres


únete a la campaña para la prevención de embarazo adolescente

¡Sé tú misma!

¿Te has puesto a pensar qué quiere decir alguien cuando te dice que seas tú misma?. Yo he estado buscando algún instructivo que me enseñe cómo actuar y cómo buscar mi verdadera identidad. En el camino descubrí este interesante texto que comparto a continuación:

[Cuando era adolescente estaba desesperada por recibir consejos. Todavía puedo escuchar a mi mamá diciendo: "Sólo se tú misma", lo cual era como tratar de hacer algo imposible. "Yo misma" era lo opuesto de quien quería ser; "yo misma" era quien me metía en problemas. Deseaba ser quien fuera, no podía dejar de pensar en mí. Sin mencionar que no podía recordar quién era realmente ahora que estaba pensando en eso. Quería ser como mi papá, quien vivía según sus principios, como la integridad y la justicia. Mientras tanto, aquí abajo, en la tierra, la chica que tomó prestado mi sostén para las pruebas de porrista lo estaba mostrando en la clase de inglés.
Mi abuela, de quien sus visitas semanales parecían durar un año, siempre me decía: "¡Sé joven! ¡Diviértete! ¡Disfruta tu vida!" y, generalmente, lo hacía cuando estaba en mi casa un sábado pro la noche, sintiéndome pésimo. Según ella, esos eran los mejores años de mi vida y debía de aprovechar cada instante al máximo. Después ella me contaba de su propia juventud, cuando "tenía el control", mientras tomaba el barco que venía a América y se jugaban juegos de besos. Yo la miraba y le decía: "Me encantaría quedarme a conversar, abuela, pero debo ir a vivir mi propia vida".
Pronto me di cuenta de que no era la única persona en el mundo con estos problemas, y no podía creer que alguien que sobrevivió para contar la historia no se haya molestado en dejar algún instructivo para mí. O tal vez un manual completo que se llamara Cómo actuar y quién ser mientras averiguas tu identidad . Lo que deseo lo entendería si tuviera un manual que me lo dijera, mi propio corazón y mi propio cerebro, que también podrían ayudarme a saber de dónde vengo. Claro, tendrás que ponerte a trabajar para que funcione. Después deberás escuchar, pero escuchar de verdad, qué quiere decir poner la atención necesaria en cómo te sientes y cómo te ves y escuchas. Esa fue una decisión difícil para mí, incluso si hubiera sabido las cosas buenas que venían: diversión por ejemplo, en lugar trabajar duro, pensar que es un juego.
Me tomó mucho tiempo darme cuenta de eso, 500 años, de hecho, más si calculas el factor humillación (1 minuto= 4 meses). Todos esos años, mientras buscaba a alguien que me diera la información necesaria para que mi vida fuera buena, no me di cuenta que sólo yo podía ayudarme. Si pudiera, regresaría y aconsejaría a mi yo adolescente. Aunque no me escucharía. Probablemente me aburriría. Me pediría cosas más específicas o tips.
"No te metas los pantalones en las botas", eso diría para que me hiciera caso, "te hace ver como actor de circo".
Todo lo demás lo tendría que averiguar ella sola].


Melissa Bank

martes 8 de septiembre de 2009

La luna


Cuando era niña solía observar constantemente a la luna. Tan misteriosa, cambiante, bella.

Cuando la miraba, olvidaba todo a mi alrededor, y me limitaba a ensimismarme analizando las figuras que formaban sus cráteres. A veces veía a una mujer sosteniendo a un niño entre sus brazos, otras veces me parecía ver a un ángel, entre tantas otras formas que aún no olvido.
"La luna me encanta", solía decir a mis abuelos cuando era pequeña, y hoy, catorce años después, sigo mencionando las mismas palabras cada vez que la miro. A veces la miro cuando estoy feliz, y cuando estoy triste la observo y busco una forma de sentirme mejor.

La luna me encanta- solía decir. Hoy, catorce años después, aún siento el mismo encanto.

jueves 3 de septiembre de 2009

Stage

Y yo estaba ahí, parada sobre ese escenario una vez más, recordando, al mismo tiempo, la última vez que estuve ahí. Una sensación de adrenalina, los aplausos invadiéndome y llenándome de una energía infinita, los vítores de esa gran cantidad de personas que presenció uno de los mayores momentos de mi vida: Una obra de teatro.


¿Has sentido alguna vez el ruido que producen los intensos aplausos de las personas?

Yo sentí como si estuviera escuchando caer un gran aguacero, pero, extrañanamente, ese aguacero no me hundía, sino que me llenaba de una alegría, de una energía que muy pocas veces he sentido. Ese instante era mío y de mis compañeros actores. Veíamos a nuestras familias y nos sentíamos completamente seguros de lo que estábamos haciendo.

Y dos años después, volví a pisar sobre ese escenario, a sentir nuevamente como si estuviera a punto de salir a escena, cuando nos preparábamos con cábalas, cuando gritábamos, cuando nos preguntábamos si estaba todo bien, cuando bailábamos y cantábamos, cuando podía cumplir uno de mis grandes sueños.

Y yo estaba ahí, parada sobre ese escenario una vez más, recordando la última vez que estuve ahí.

jueves 13 de agosto de 2009

..... Y mientras se duchaba, descubrió unas extrañas marcas en su cuerpo: eran heridas que no recordaba cómo habían sido causadas. Trataba de buscar en su memoria el porqué de estas marcas ¿Qué había pasado? ¿Por qué no recordaba?.
Desde la ventana vio a un extraño hombre acercándose a la casa. No sabía quién era, pero extrañamente le parecía familiar su rostro. Estaba segura de que lo había visto antes, pero no recordaba dónde.
Al salir del cuarto de baño, se encontró de frente con su novio, un joven veinteañero, que la miraba con cara de preocupación.

-¿Qué pasa?- dijo ella
- Hay un hombre abajo, que dice conocerme muy bien y yo jamás lo he visto
- ¿ Cómo?
- Está ahí, en el primer piso, dice que quiere hablar conmigo.
- Dejáme a mi, yo iré a ver qué pasa


La joven se acercó al extraño sujeto, y mientras se acercaba lentamente, entendió lo que pasaba. Ella sabía quién era el hombre, y qué quería. Se devolvió, corrió donde su novio y le dijo:

- Vete, sal de aquí
-¿Qué?
- Este hombre lleva 15 años buscándote, lo vi, lo recordé, lo he visto
- ¿Por qué me busca?
- Sabe tu secreto
- Mi.....
- ¡Tienes que irte ya!, yo lo distraigo
-.....
-¡Vete!

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.......................

martes 11 de agosto de 2009

El sueño de Alexis

Y corría con esa con esa gracia que sólo los niños poseen a esa edad. Corría por el campo, pisando el césped tan delicadamente, que parecía como si estuviera volando. Jugaba y miraba a su alrededor, sorprendiéndose inmensamente por la belleza del lugar, mientras sus padres estaban sentados bajo la sombra de un gran manzano, compartiendo un día de picnic familiar y contemplando cómo su hijo se divertía con las cosas más simples del mundo. Derrepente se oye un llanto, Andresito (que estaba por cumplir los tres de vida) se había tropezado. Su madre, una joven mujer de cabello largo y ondulado se levantó del lugar donde estaba e inmediatamente fue a ver cómo estaba su pequeño hijo.


- Amor!, ¿Qué pasó, hijo?¿Estás bien? ¿Te dañaste?, a ver, llame al papá- Dijo Andrea, su madre
- ¡¡Papá!! ¡¡Papá!!- Gritaba el pequeño

Mientras el travieso pequeño llamaba a su padre, Alexis, el que aparte de preocuparse por la caída de su hijo, contemplaba la escena con una ternura especial. En su mente pasaban un millón de pensamientos, recuerdos y anécdotas. Mientras miraba a su mujer, recordó su primer beso, su primer abrazo… su primera vez. Habían pasado tantos años. En su recuerdo resonó la imagen de esa joven niña, de la cual se había enamorado a primera vista y que hoy veía como una mujer madura, como la madre de su amado hijo y de aquellos hijos con los que Dios más tarde los iba a bendecir.

Entonces él se incorporó y se acercó a su hijo. Lo tomó con ternura y, mientras sobaba su rodilla, se dio cuenta de que Andresito tenia un pequeño autito de juguete en sus manos.

-¿Te gusta tu autito?- le preguntó

- Sí, ¿te gusta a ti?- respondió el pequeño entre palabras y balbuceos.

Y de un momento a otro, ese pequeño ser ,lleno de luz en su interior, olvidó su pena, dejó de lado todo aquello que lo acongojaba y abrazó fuertemente a su papá.

- Te quiero- le dijo el niño, mientras su pequeña frente se perdía en la inmensidad que ofrecia el pecho de su progenitor.

- Y yo a ti, hijo -dijo su padre luego de besar su pelo.

En ese momento, Andrea se acercó y abrazó por la espalda a su esposo, y le dijo al oído:

- Te amo mi amor, mucho…

- Y yo a ti amor-respondió cariñoso su compañero.

Y mientras el viento y aquel manzano eran testigos de aquel hermoso momento, Alexis daba gracias a la vida… al destino, por haberle entregado tanta felicidad y por dejarle entregar y recibir tanto amor sin medida…

El pequeño sonrió, inmensamente…

Destino

¿Te ha pasado alguna vez que conoces a alguien, e instantáneamente sientes confianza y un cariño inexplicable por esa persona, desde la primera palabra que cruzan?

Es verdad que, cuando te vi la primera vez, no te miré de la misma manera en que te miro hoy.
El solo hecho de comenzar a hablar contigo me hizo sentir esa extraña sensación de refugiarme entre tus brazos, de mirarte a los ojos y reflejarme en ellos, de ser parte de tu historia, de tu vida.
Es verdad que al principio no te tomé mucho en cuenta, porque por alguna extraña razón, algo me alejaba de ti. Te rechacé, te hice mal, pero aún así tu seguías ahí, esperando esa respuesta que yo no daba porque llevaba una venda cubriéndome los ojos.
Y es por esa fascinante paciencia, por ese gran amor, que me enamoré de ti. Te sentí tan cerca, tan próximo a mi, tan parecido, que a veces me pregunto..¿Es cosa del destino?. Hay tantas coincidencias, tantas cosas en común, que me hacen pensar que estábamos destinados a conocernos, a terminar juntos, y a sentir este amor que cada día crece más y más. Nuestras familias, nuestros sueños, nuestras metas, nuestros gustos, y esas increíbles coincidencias que descubrimos cada día.
Y mientras te veo dormir, con esa paz y esa sencillez que refleja tu rostro y que tanto me fascina, escribo estas líneas, para agradecerte ese inmenso amor que cada día me das, esa confianza, el cariño y esa protección que me hace cada día recurrir a tus brazos cada vez que lo necesito.
Te di mi corazón, y quiero que lo tengas tú por el resto de mi vida.
Esta historia aún se está escribiendo, y espero que juntos sigamos creando cada capítulo de esta maravillosa historia.

Te amo.

Te estaré viendo.

Andrea.



"Hasta el fin del mundo yo te seguiré."