lunes, 12 de julio de 2010

Mi tío Freddy

La sala era de un color blanco enceguecedor: Fue lo primero que notó cuando abrió sus ojos. El sueño que había tenido lo había trasladado completamente hacia otro lugar, hacia otra realidad. Un momento muy distinto al estar postrado en una cama de un hospital, sin saber qué hacer. Estar ahí esos últimos días lo tenía absolutamente angustiado. Tenía que permanecer acostado por horas, sin moverse. Sin esa típica, pero hermosa manía de preparar todo metódicamente. Eran horas y horas hasta que llegaban las visitas: El momento que esperaba con ansias.

Los primeros en entrar a la inmaculada sala fueron sus padres. Los años se hacían notar a través de sus rostros y, a la vez, todos aquellos momentos que pasaron juntos: las risas, las conversaciones, las salidas y largas caminatas.

- ¿Cómo estás, hijo?- Preguntó el padre
- Aquí, tratando de recuperarme. Estar aquí me aburre, necesito salir a airearme y distraerme un poco haciendo lo que siempre hago.
- Lo sabemos, hijo, pero tienes que estar aquí, es la única forma de que puedas mejorarte. Te extrañamos muchísimo en la casa, la Alita y el toño preguntan siempre por ti.

La Alita, su hermana menor. La niña que lo acompañaba en todas sus ideas. La niña que se había convertido en mujer y se había casado recientemente con un hombre que, él consideraba, era un gran joven.

- ¿ Y cómo están ellos?- preguntó
- Bien, en la casa, cuidando a la Andreíta. La Alita me dice que llora mucho en las noches, pero que es graciosa porque llora y se queda dormida sola.

"Mi sobrina", pensaba. Un ser con tan sólo meses de vida. Quizás en un tiempo más se convierta en una gran mujer. Lo enorgullecería, pero a la vez le angustiaba la idea de que no la vería crecer. De que todas las cosas que había planeado no se efectuarían. Y ella no tenía idea de lo que se aproximaba. A él le encantaba mirarla tranquilamente, sentir la paz que transmitía la pequeña criatura, tan indefensa. Le gustaba observarla cuando dormía. Siempre sonreía, recordaba, y nadie sabía por qué cosa podía sonreir un bebé. Ese recuerdo lo llenó de paz y alegría.

Su madre lo aterrizó:
- Tienes que estar aquí, hijo. Eres fuerte, te recuperarás.
- Eso espero, mamita, dijo. Sin embargo, él sabía que ya no quedaba más tiempo.

Y se lo hizo saber a Antonio, su cuñado, cuando lo fue visitar un día nublado.

- Yo ya cumplí mi misión, ahora te toca a ti. Cuida a mi hermana y a mi sobrina. Que todos los momentos que vivan sean felices, y recuerden siempre que yo estaré siempre con ustedes, en su corazón, siempre que me necesiten.

- No digas eso- dijo angustiado Antonio- Saldrás de aquí, ya verás.

Hubo un silencio, y luego Antonio se fue recordando el día de matrimonio con Alita. Estaban todos tan felices. Sobretodo su cuñado, que miraba emocionado a la feliz pareja. Una mirada amistosa y Antonio cerró la puerta de la habitación, dejando a su cuñado solo con sus pensamientos.

Tomó un vaso de agua que había en la mesita cercana a la cama. Pero un detalle lo distrajo: sus manos. Su enfermedad había provocado que sus manos se oscurecieran. Y eso era lo que más le apenaba. Sí había algo que le dolía más que haber bajado unos kilos y tener un aspecto ojeroso, era que sus manos perdieran su atractivo, su sanidad.
Hasta que se convenció: el final estaba cerca. Sin embargo él ya había cumplido su misión, y estaba seguro que su familia estaba en muy buenas manos.

martes, 15 de junio de 2010

Just go back to sleep, it will be better if you dont wake up now...

"Entonces, muerta de angustia ante el panorama inmenso, mientras cae el agua mustia, pienso"

Remembranza

En sus manos ya comienza a notarse el pasar del tiempo. Sin embargo, su apariencia no representa su edad. Se ve mucho más joven de lo que es. Es muy amable, cariñoso y sociable, a pesar de su mirada de autoridad.
Es un hombre que ha vivido muchas experiencias. Que ha visto pasar ante sus ojos tragedias y alegrías...

sábado, 12 de junio de 2010

Gotas de lluvia

Es difícil... últimamente poner los pies en la tierra es algo que jamás pensé que sería tan complicado.
No sé qué está pasando conmigo. A veces pienso que las cosas no son como antes, que no soy capaz de hacer lo que antes me era fácil. ¿Fuerzas?, ya se están agotando, al igual que las ganas de levantarse cada mañana de la cama. Sólo me queda una fuerza que me hace seguir: Tú. Sólo te pido que no cambies eso, que no seas quien termine por acabar con las ganas que me quedan.

A lo mejor son cosas que me imagino. Quizás son tonteras. No sé, la única cosa de la que tengo idea es que jamás me había sentido tan mal como lo estoy haciendo ahora, y creo que contarle a alguien esto provocaría una preocupación. Y no quiero eso.



Buenas Noches.

jueves, 29 de abril de 2010

Alex

Tiene esa mirada capaz de derretir a cualquiera. Sus ojos cambian de color cada vez que está triste o feliz, o cuando se sonroja. Me cautivó, no sé cómo, pero cuando vi sus ojos por primera vez algo me hizo desear no dejarlos de mirar jamás. Y cuando vi su sonrisa sentí una sensación muy agradable, a pesar de ser tan alto y tener una mirada misteriosa, cada vez que sonríe refleja una ternura inconmensurable y sus ojos se convierten en dulce miel. Y eso es lo que me fascina de él.

Cuando se enoja sus ojos se vuelven de un verde casi tan oscuro como una hoja de olivo cuando está a punto de llegar el otoño. Te ignora, y cuando lo hace, logra verse tan inalcanzable, pero al mismo tiempo te atrae con una fuerza inexplicable.

Cuando besa es muy dulce, sus caricias son reconfortantes y me hacen sentir una alegría y ,a la vez, un amor tan grande que a veces temo perderlo.

Y finalmente, cuando está dormido. No sé cuál es la razón, pero me fascina verlo dormir, esa algo que no puedo explicar. Se ve tan tierno, sencillo, indefenso, que simplemente no puedo dejar de mirarlo y tampoco puedo controlar mis irremediables deseos de acariciarlo y besarlo suavemente mientras me pregunto qué verá en sus sueños. Una vez lo vi sonreír mientras dormía, besé sus ojos, creo que no lo notó, pero esa imagen siempre la llevo conmigo y la recuerdo cada vez que lo extraño, al igual que su voz, que va siempre conmigo, en mi mente, en mi alma, en mi corazón.

domingo, 27 de septiembre de 2009

¡Sé tú misma!

¿Te has puesto a pensar qué quiere decir alguien cuando te dice que seas tú misma?. Yo he estado buscando algún instructivo que me enseñe cómo actuar y cómo buscar mi verdadera identidad. En el camino descubrí este interesante texto que comparto a continuación:

[Cuando era adolescente estaba desesperada por recibir consejos. Todavía puedo escuchar a mi mamá diciendo: "Sólo se tú misma", lo cual era como tratar de hacer algo imposible. "Yo misma" era lo opuesto de quien quería ser; "yo misma" era quien me metía en problemas. Deseaba ser quien fuera, no podía dejar de pensar en mí. Sin mencionar que no podía recordar quién era realmente ahora que estaba pensando en eso. Quería ser como mi papá, quien vivía según sus principios, como la integridad y la justicia. Mientras tanto, aquí abajo, en la tierra, la chica que tomó prestado mi sostén para las pruebas de porrista lo estaba mostrando en la clase de inglés.
Mi abuela, de quien sus visitas semanales parecían durar un año, siempre me decía: "¡Sé joven! ¡Diviértete! ¡Disfruta tu vida!" y, generalmente, lo hacía cuando estaba en mi casa un sábado pro la noche, sintiéndome pésimo. Según ella, esos eran los mejores años de mi vida y debía de aprovechar cada instante al máximo. Después ella me contaba de su propia juventud, cuando "tenía el control", mientras tomaba el barco que venía a América y se jugaban juegos de besos. Yo la miraba y le decía: "Me encantaría quedarme a conversar, abuela, pero debo ir a vivir mi propia vida".
Pronto me di cuenta de que no era la única persona en el mundo con estos problemas, y no podía creer que alguien que sobrevivió para contar la historia no se haya molestado en dejar algún instructivo para mí. O tal vez un manual completo que se llamara Cómo actuar y quién ser mientras averiguas tu identidad . Lo que deseo lo entendería si tuviera un manual que me lo dijera, mi propio corazón y mi propio cerebro, que también podrían ayudarme a saber de dónde vengo. Claro, tendrás que ponerte a trabajar para que funcione. Después deberás escuchar, pero escuchar de verdad, qué quiere decir poner la atención necesaria en cómo te sientes y cómo te ves y escuchas. Esa fue una decisión difícil para mí, incluso si hubiera sabido las cosas buenas que venían: diversión por ejemplo, en lugar trabajar duro, pensar que es un juego.
Me tomó mucho tiempo darme cuenta de eso, 500 años, de hecho, más si calculas el factor humillación (1 minuto= 4 meses). Todos esos años, mientras buscaba a alguien que me diera la información necesaria para que mi vida fuera buena, no me di cuenta que sólo yo podía ayudarme. Si pudiera, regresaría y aconsejaría a mi yo adolescente. Aunque no me escucharía. Probablemente me aburriría. Me pediría cosas más específicas o tips.
"No te metas los pantalones en las botas", eso diría para que me hiciera caso, "te hace ver como actor de circo".
Todo lo demás lo tendría que averiguar ella sola].


Melissa Bank